Trump no conoce la Constitución

Parece que no le importa nada al Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, más que su soberbia, su supremacía, y ahora su poder totalitario. Esta semana despidió a la Fiscal General interina, Sally Q. Yates, quien se opuso a la orden Ejecutiva firmada por el Presidente, que prohíbe la entrada a los Estados Unidos a personas de países mayoritariamente musulmanes. Yates declaró a la prensa cuando se le cuestionó cómo podía negarse a su jefe inmediato, a quien debía lealtad, ella dijo: “La independencia del Departamento de Justicia es lo primero, le puedo decir fácilmente dónde está mi lealtad: en la Constitución”.

Y es ahí donde Donald Trump carece de conocimientos y lealtades a la Ley Suprema. La Constitución de los Estados Unidos es la constitución federal más antigua que se encuentra en vigor actualmente en el mundo. Apenas con siete artículos y diecisiete enmiendas, es una de las más sencillas.

Y hoy más que nunca, recuerdo mis clases de Teoría Política, sobre todo la de la división de poderes en los gobiernos. Las clases de los clásicos John Locke y Montesquieu, quienes se enfocaban en tener fuerzas equilibradas para evitar la tiranía.

Pues bien, hoy estamos viviendo el comienzo de un fenómeno que pretende violar ese equilibro de poderes con la llegada del magnate Republicano, Donald Trump, a la Presidencia de los Estados Unidos. Y por ello volví a leer la Constitución del pueblo norteamericano, que a la letra dice:

“Nosotros, el Pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una Unión más perfecta, establecer Justicia, afirmar la tranquilidad interior, proveer la Defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la Libertad, estatuimos y sancionamos esta Constitución para los Estados Unidos de América”.

Entre otros poderes y responsabilidades, el Artículo dos de la Constitución de los Estados Unidos encarga al Presidente la “fiel ejecución” de la ley federal. Asimismo señala que “antes de entrar a desempeñar su cargo prestará el siguiente juramento o protesta: ‘Juro (o protesto) solemnemente que desempeñaré legalmente el cargo de Presidente de los Estados Unidos y que sostendré, protegeré y defenderé la Constitución de los Estados Unidos, empleando en ello el máximo de mis facultades’”.

Foto: BBC

 

El Artículo tercero señala que “El Poder Judicial entenderá en todas las controversias, tanto de derecho escrito como de equidad, que surjan como consecuencia de esta Constitución, de las leyes de los Estados Unidos y de los tratados celebrados o que se celebren bajo su autoridad; en todas las controversias que se relacionen con embajadores, otros ministros públicos y cónsules; en todas las controversias de la jurisdicción de almirantazgo y marítima; en las controversias en que sean parte los Estados Unidos; en las controversias entre dos o mas Estados, entre un Estado y los ciudadanos de otro, entre ciudadanos de Estados diferentes, entre ciudadanos del mismo Estado que reclamen tierras en virtud de concesiones de diferentes Estados y entre un Estado o los ciudadanos del mismo y Estados, ciudadanos o súbditos extranjeros …

 

Todos los delitos serán juzgados por medio de un jurado excepto en los casos de acusación por responsabilidades oficiales, y el juicio de que se habla tendrá lugar en el Estado en que el delito se haya cometido; pero cuando no se haya cometido dentro de los límites de ningún Estado, el juicio se celebrará en el lugar o lugares que el Congreso haya dispuesto por medio de una ley.”

 

Recientemente, diversos jueces federales aceptaron la solicitud de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) de tomar medidas cautelares que impiden que las personas detenidas en los aeropuertos estadounidenses sean devueltas a sus países de origen.

 

Los solicitantes reclaman que la decisión del Presidente de los Estados Unidos viola sus derechos al Debido Proceso e Igual Protección, garantizados en el Artículo Tercero de la Constitución.

 

En este sentido, para muchos juristas Donald Trump no está cumpliendo con su mandato, ni tampoco está protegiendo, ni respetando los derechos de miles de extranjeros que han tramitado legalmente un permiso de residencia o de trabajo en los Estados Unidos.

 

En pocas palabras se ha pasado por el “arco del triunfo” el mandato constitucional, que está obligado a obedecer y a respetar.

 

Apenas comienza el gobierno del Republicano y se avecina una larga lucha en los tribunales judiciales de los Estados Unidos por la visible violación a los derechos humanos consagrados en la Carta Magna y en diversos Tratados Internacionales, de los cuales los Estados Unidos forma parte.

 

Trump parece estar empecinado en ser el “ser supremo” de la Nación, se le olvida que existe un equilibro de fuerzas. Ya lo decía el politólogo francés, Alexis de Tocqueville, en su libro “La Democracia en América”, que el sistema norteamericano funciona bien, porque el sistema judicial funciona bien, porque los jueces realmente son un balance al sistema de poderes.

 

El asunto hoy es que, entre que son peras o son manzanas, miles de negocios se están perdiendo, inversiones, familia divididas y destruidas. Y el costo de todas estas decisiones desgraciadamente lo pagarán los propios norteamericanos, mientras el mundo mira con terror las decisiones locas y mesiánicas que a diario toma Donald Trump.

Acerca de: Anabella Pezet

Anabella Pezet es una apasionada de la política desde hace más de 20 años. Astuta y divertida por esencia, encuentra un espacio para escribir sobre el contexto político nacional. Politóloga y abogada de profesión.

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