Ochenta y Ocho

Con interés leímos y leímos la Ley de Participación Ciudadana de la Ciudad de México.  Con emoción esperamos la convocatoria para la elección de sus Comités Ciudadanos.  Era algo que teníamos que hacer.  Un pendiente: como plantar un árbol, escribir un libro, correr un maratón y tener un hijo.  

 

Queríamos probarnos que éramos buenos ciudadanos en todos los sentidos, como nos lo contaron en nuestras clases de civismo en la secundaria. No sólo cantar el himno, saludar a la bandera y emitir un voto.  Queríamos también probar que la democracia es más que un concepto, que la participación ciudadana no es una quimera y que su ley y sus instituciones funcionan.

 

Lo tomamos con mucha seriedad. Invitamos a nuestros vecinos con tiempo. Convocamos por las redes sociales a más.  Quisimos que fuera un proceso abierto e incluyente para formar la planilla.

 

Nos reunimos varios.  Platicamos nuestros sueños por nuestra colonia (el Centro Histórico) y dijimos que queríamos ser una voz y hacer muchos proyectos. Tuvimos una tormenta de ideas para identificar los problemas más sentidos y luego otra para proponer soluciones e iniciativas.  Usamos el método de notas en post its.  Sí, queríamos innovar.

 

El entusiasmo nos desbordaba. En cada junta se unían más vecinos. Nos prestaban sus casas y sus espacios para reunirnos. Fuimos puntuales y disciplinados.

 

Llego entonces el momento de registrar ante el Instituto Electoral la planilla, diseñar la campaña, escoger los lemas, los proyectos, el logotipo, la táctica.  Nos tocó en el sorteo el número 6.  Fuimos la Fórmula 6 y con orgullo nos la tatuamos.

 

Comenzó el período para promover a la planilla.  Vimos el mapa muchas veces, lo desciframos y lo visualizamos. Sabíamos que más de 10 mil personas viven aquí, en el perímetro de Honduras, Eje Central, Regina, Correo Mayor, y queríamos ir por todos.

 

Llegó el primer día de campaña. Comenzamos temprano y con un poco de pena tocamos en los primeras predios.  No dimensionábamos aún que caminaríamos sin parar por dos semanas, por decenas de calles y escalares, que nos abrirían cientos de puertas, que subiríamos a las azoteas, que veríamos más de mil rostros y que saludaríamos muchísimas, muchísimas manos.

 

Lo hicimos, dimos la cara y las palmas y nos recibieron con sonrisas. La gente del Centro fue generosa, y aunque primero con incredulidad, nos dio su confianza. Nos observaban, nos escuchaban. Éramos raros porque los mirábamos a los ojos y porque les hablábamos con la verdad. Cero mentiras. Y ellos, ellos nos contaron sus historias y vimos su realidad, la mayoría de las veces triste.

 

Nadie más lo hizo, ninguna otra planilla, ningún otro candidato. No los vimos, los vecinos nos decían lo mismo. Por ello, organizamos un debate y los invitamos. Recibieron nuestra carta, pero no fueron.

 

Acabó el período para hacer campaña y precisamente cuando ya no se podía entregar propaganda, algunas planillas aparecieron, o cuando menos sus volantes. Los pegaban en la madrugada. Regalaban también botes de pintura. Nos empezaban ya a inventar leyendas negras. Les parecíamos incómodos.

 

Amanecimos el domingo 4 de septiembre y con mariposas en el estómago fuimos a votar.  Fuimos de los primeros.  Después…. después fue un día para olvidar.

 

Las planillas que no existieron en la campaña y debate aparecieron abiertamente. ¿Cómo? Acarreando gente de cinco en cinco, apuntando afuera de las casillas con padrón en mano quién había votado, tomando fotos de dedos entintados y caras de la gente que llevaban, dando dinero en plena calle (300, 400  o más pesos) por el voto de la gente, regalando despensas y tinacos, y entregando volantes de propaganda dentro de las mismas mesas de votación.

 

Parecía que competían orgullosos para ver quien era el más tramposo. Estaban desbocados.

 

Ya se habían visto las primeras sombras de estas tinieblas con los cientos de ambulantes que ya habían llevado a votar unos días antes a los centros de votación por Internet.  Lo hicieron sin pre-registro. ¿Por qué el Instituto Electoral permitió esto? La regla es que se tenía que hacer un pre-registro para que hubieran candados, y sin aviso, está regla cambió.

Fuente : El Financiero
Fuente : El Financiero

La FEPADE fue rebasada. Nosotros estuvimos 40 minutos en el teléfono para que el call center de esta fiscalía alcanzara a entender y registrara una de nuestras denuncias. ¿Tiempo perdido? Había también muchos policías que veían el circo y no se inmutaban.  Autoridades del INE que sólo decían: “no puedo hacer nada”.  El desánimo se apoderó algunos de nosotros.

 

Y el desaliento fue mayor cuando llegaron los resultados. Sólo votaron mil personas. Mil de diez mil que podían. Y de esos mil, 500 fueron para la planilla del Señor o Señora poderosa quien maneja a los ambulantes. Votos irreales.  El segundo y tercer lugar para planillas de los aparatos. La nuestra en cuarto lugar con ochenta y ocho votos verdaderos (cómputo preliminar). Luego mas planillas de aparatos y recursos públicos.

 

¿Por qué no salió la gente más pobre que nos dijo que nadie los había visitado, que nadie les había puesto atención, que nadie les ha arreglado sus techos, paredes y escaleras? ¿Por qué votar por 300 pesos que se van en un día y no por gente que puede trabajar para ellos tres años? ¿Por qué las clases medias y altas tampoco salieron de sus cómodos hogares? ¿Por qué sí se quejan de la basura en las calles, de la inseguridad en las calles, de las marchas, del tráfico y de la falta de servicios?

 

Nuestro cuarto lugar nos da el boleto de entrada para estar dentro del Comité Ciudadano. ¿Vale la pena estar dentro de uno de los nueve  escaños en ese Comité cuando sabemos que los otros ocho llegaron a través de la simulación?  ¿Vale la pena hacer esto? ¿Para qué estudiar si el que gana en el examen es al que le dan de antemano las respuestas? ¿Para que pagar impuestos si el gobernante se los roba? ¿Para que solicitar un empleo con nuestra mejor preparación y experiencia si se lo dan a un recomendado? ¿Para que concursar por un proyecto si se lo asignan al que paga el diezmo y corrompe?

 

¿Sirve de algo esta Ley de Participación Ciudadana si cuando los vecinos normales se animan tienen que luchar contra un monstruo imparable?

 

Tenemos que parar esto. Ya no más. No tiene sentido un país, una ciudad o una colonia así.  Sólo nos hacemos tontos, todos.

 

Uno de nuestros motivos por participar en esta elección fue el querer probar que el Comité puede funcionar. Pero sabemos que no funciona porque las reglas no funcionan, las instituciones no funcionan, los incentivos no funcionan y las personas que participan tampoco.  Como tampoco funcionan nuestros gobiernos, nuestras escuelas, nuestros hospitales, nuestros policías, nuestras calles.

 

El carril del único resquicio para los ciudadanos en la CDMX también fue invadido. El domingo no pudimos ganarle al argumento de nuestros  amigos que ya quieren irse de México.

 

¿Debemos claudicar? Reconocer la radiografía sí, pero no claudicar.  Aún creemos que se puede actuar con integridad……y ganar.  Sucederá.  Estamos seguros, convencidos.

 

Los ochenta y ocho votos fueron limpios. Fueron votos reales. Fueron ochenta y ocho personas que no se han dado por vencidas. Fueron ochenta y ocho personas que confiaron, que confían, que quieren que las cosas cambien.

 

Y por ellos, por respeto a ellos vamos participar.  En el Comité Ciudadano, aún en el último asiento vamos a presionar para que las cosas funcionen, para que se le escuche a la gente, para que se trabaje con honestidad y para que viremos la dirección equivocada del barco.

cc2

 

No nos intimada Goliat.  Los ochenta y ocho nos dan oxígeno, proteínas y ánimo para revertir la farsa, para trabajar y demostrar que la vida pública puede funcionar. Provocaremos nuevas formas de pensar y nuevas formas de actuar. Nuevas reglas societales.  El poder del ejemplo es importante y por eso estaremos presentes.

 

Muy presentes.

 

Somos entusiastas e indomables.

Acerca de: Irak López Davila

Irak es representante electo del Comité Ciudadano del Centro Histórico. Fue candidato a Diputado Local por el DF y es miembro del Comité Directivo Nacional del Movimiento Progresista. Director fundador de PUNTOGOB, despacho de consultoría en e-Government y en innovación gubernamental. Fue Coordinador General de Modernización Administrativa del GDF. Es Licenciado en Economía (ITESM) con estudios de Maestría en Políticas Públicas (ITAM). Cursó diplomado en Dirección Estratégica de Instituciones Públicas de la Universidad de California, Berkeley -Goldman School of Public Policy- y diplomado en Gobierno Electrónico impartido por la Korea Agency for Digital Opportunity and Promotion –KADO- en Seul, Corea del Sur.

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Irak López Davila

Irak es representante electo del Comité Ciudadano del Centro Histórico. Fue candidato a Diputado Local por el DF y es miembro del Comité Directivo Nacional del Movimiento Progresista. Director fundador de PUNTOGOB, despacho de consultoría en e-Government y en innovación gubernamental. Fue Coordinador General de Modernización Administrativa del GDF. Es Licenciado en Economía (ITESM) con estudios de Maestría en Políticas Públicas (ITAM). Cursó diplomado en Dirección Estratégica de Instituciones Públicas de la Universidad de California, Berkeley -Goldman School of Public Policy- y diplomado en Gobierno Electrónico impartido por la Korea Agency for Digital Opportunity and Promotion –KADO- en Seul, Corea del Sur.

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