Las derrotas y las victorias del 2016

Por Enrique Davis Mazlum / @EnriqueDavis

¿Por qué perdieron las y los candidatos del PRI en las pasadas elecciones locales en México? Por razones muy sencillas: la sociedad ha cambiado; el voto duro se ha desvanecido, las personas votan por personas, más que por partidos y cuadros políticos; hoy la ciudadanía premia y castiga.

No hay una sola razón, pero si hay un hartazgo de la sociedad mexicana en especial de la generación de los millennials. Pero es importante destacar que este grupo se enfoca más en la persona y que si tenían simpatía por un priista que sale del partido y se postula por otro o por una alianza, votan por la persona y no por el partido.

En el año 2000 el PRI a través de una supuesta elección interna democrática impuso a Francisco Labastida Ochoa. El ex secretario de Gobernación perdió la Presidencia porque la mayoría de los mexicanos votaron a favor de Vicente Fox Quesada. El PAN aliado con el PVEM recordaron a la sociedad que el PRI llevaba más de 70 años gobernando y era necesario sacar al PRI de “Los Pinos” por todos los actos de corrupción y abuso de poder, por mencionar algunos.

Pasando la elección del 2000, el PRI fue multado por más de 1000 millones de pesos por desvíos de recursos a través del sindicato petrolero, este grave escándalo fue titulado “Pemexgate” y el premio al ex candidato presidencial en el 2006 fue hacerlo candidato al Senado en fórmula con Mario López Valdez (MALOVA), que por cierto se fue al PAN y en 2010 le ganó la gubernatura al PRI.

Cabe mencionar que estas dos elecciones no había propuesta de iniciativa de matrimonios igualitarios, entonces ¿qué excusa dirá Francisco Labastida para justificar estas dos derrotas?… Supongo que dirá que fue por proponer “Inglés y computadoras” y no lo que dijo Fox: “… a mi tal vez se me quite lo majadero, pero a ustedes lo mañosos, malos para gobernar y corruptos no se les va quitar…”.

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En el 2015 se tuvieron nueve elecciones a gobernador, cinco de ellas tuvieron alternancia y la principal razón fue el descontento de la ciudadanía con los gobernadores, salvo el caso de Querétaro.

En Sonora gobernaba el panista Guillermo Padres, y ganó la priista Claudia Pavlovich.
En Guerrero gobernaba Rogelio Ortega en sustitución de Ángel Aguirre del PRD y ganó Héctor Astudillo del PRI.
En Nuevo León gobernaba el PRI con Rodrigo Medina y ganó Jaime Rodríguez (el Bronco), candidato independiente.
En Michoacán gobernaba Salvador Jara en sustitución de Fausto Vallejo del PRI y ganó Silvano Aureoles del PRD.
Por cierto, en estas elecciones el PAN y PRD no iban en alianza, cada quien propuso a sus candidatos y candidatas y obtuvieron las victorias que acabo de mencionar.

En junio del 2016 tuvimos doce elecciones a Gobernador, así como la elección a la Asamblea Constituyente, y una más en Baja California donde se eligieron presidencias municipales y diputaciones locales.

Algunos priistas como Francisco Labastida Ochoa tratan de minimizar el descontento de la ciudadanía por los actos de corrupción o malos gobiernos al decir que se perdió por la propuesta de la iniciativa de matrimonios igualitarios presentada por el Presidente Enrique Peña Nieto.

Vuelvo a decirlo como escribí en redes sociales: como priista me dan pena y me avergüenzan los comentarios de Francisco Labastida Ochoa; su responsabilidad como ciudadano y como una persona que trató de obtener el puesto más importante del país debería ser defender la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos que en su artículo primero dice: “…Queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otra que atente contra la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y libertades de las personas…”

En el caso del clero mexicano, creo que han olvidado lo que el Papa Francisco dijo el año pasado: “la Iglesia hace suyo el comportamiento del Señor Jesús que en un amor ilimitado se ofrece a todas las personas sin excepción”, por lo que reiteró que “toda persona, independientemente de su tendencia sexual, ha de ser respetada en su dignidad y acogida con respeto” evitando toda forma de agresión y violencia.

Lo que algunos jerarcas de la iglesia católica mexicana han incitado es odio y rechazo, cuando su supuesta labor es impulsar la armonía, respeto y el perdón; pero por lo visto siguen una doble moral.

¿Cuándo el Cardenal Norberto Rivera o el Obispo Luis Felipe Gallardo se han pronunciado en contra de todos los padres pederastas o del mismo padre Maciel? Hay un dicho popular mexicano que dice que el buen juez por su casa empieza, y estos jerarcas católicos en nuestro país para nada muestra autocrítica a los escándalos de sus representantes.

Las palabras de Norberto Rivera y el Obispo Luis Felipe Gallardo incitan odio, promueven de manera implícita la homofobia, el rencor y la intolerancia; de manera implícita también justifican que muchos de sus creyentes piensen que la masacre de más de 50 personas en un antro el domingo 16 de junio 2016 en Orlando, Florida esté justificado, sólo porque la mayoría eran de la comunidad LGBTTT.

Otro dato importante que ilustra el descontento de la ciudadanía, es que de los 1,218 puestos que se eligieron, sólo 71 (5.82%) candidatos ganadores hicieron su declaración Tres de Tres. Esto representa es la falta de compromiso de todos los candidatos con temas de transparencia, sin importar el partido político del cual emanaron. En el caso de la Ciudad de México de los 561 candidatos de los partidos políticos e independientes sólo 4 (menos del 1%) presentamos la declaración Tres De Tres (Katia D´Artigues Beauregard del PRD, Jaime Cárdenas Gracia de Morena, Gabriel Quadri de la Torre de Nueva Alianza y Enrique Davis Mazlum por el PRI).

Seamos realistas y no tratemos de tapar el sol con un dedo: en esta elección de junio el PRI perdió pero también ganó al recuperar gubernaturas, diputaciones locales y presidencias municipales porque la ciudadanía en la mayoría de éstas castigó y premió a los gobernantes en turno; en esta elección ocho estados tuvieron alternancia y cuatro se mantuvieron los mismos partidos.

La alianza del PAN y PRD ganó los estados de Durango, Quintana Roo y Veracruz con candidatos que antes militaban en el PRI; el PAN ganó los estados de Aguascalientes, Chihuahua, Puebla y Tamaulipas con militantes del PAN; el PRI mantuvo los estados de Hidalgo, Tlaxcala y Zacatecas y recuperó Oaxaca y Sinaloa.

Analizando los datos duros de los resultados preliminares por partidos, de todos los estados que tuvieron elección en el 2016 podemos observar lo siguiente:

El PAN obtuvo 3 millones 617 mil 432 votos, es decir, el 22.91% del total de la elección. El PRI recibió 3 millones 865 mil 144 votos, lo que representa un 24.48% del total de votos emitidos en 2016; el PRD tuvo el apoyo de un millón 641 mil 15 mexicanos, el 10.39%; el PT alcanzó los 639 mil 887 votos, un 4.05%, mientras que el PVEM se quedó con 486 mil 868 votos, el 3.08%. Movimiento Ciudadano obtuvo 250 mil 611 sufragios, es decir, el 1.59% del total. Nueva Alianza se quedó con 378 mil 653 votos, un 2.4%. Morena llegó a colocarse como tercera fuerza política nacional con 2 millones 412 mil 219 votos, es decir, el 15.28%

Entre independientes, el Partido Encuentro Social y votos nulos se acumularon el 10% del total de votos emitidos el pasado 5 de junio.

Con estos datos es imposible dejar de reflexionar que las elecciones del 2018 serán muy competidas; que las alianzas sí funcionan, pero principalmente que los que estén gobernando deben analizar dos cosas: Primero, que la imposición de candidatos perjudica el resultado del partido en el poder, y segundo, que si hay un hartazgo de la ciudadanía votarán para castigar sin importar el partido que gobierna.

Ningún militante del partido que sea debe tratar de justificar los resultados con excusas, por el contrario, como militantes y como ciudadanos comprometidos con nuestro país, debemos realmente asumir la realidad para podernos reconstruir y responder a la ciudadanía.

Soy un convencido que ningún partido político debe tener el poder absoluto, que debe existir un equilibrio de fuerzas, de voces y visiones.

Así es la democracia.

 

Acerca de: Enrique Davis Mazlum

Maestro en Administración Pública y Políticas del ITESM, Doctorante en “Política con Enfoque de Igualdad de Género” por la Universidad Carlos III de Madrid en Coordinación con el Centro de Estudios Políticos de Acción Afirmativa. Experto en análisis y estrategias electorales (grass roots, tierra y aire), auditorías a estructuras electorales e impulsor de rendición de cuentas. Fue candidato a Diputado a la Asamblea Constituyente, siendo uno de 4 de 561 que presentó su declaración #3de3.

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Enrique Davis Mazlum

Maestro en Administración Pública y Políticas del ITESM, Doctorante en “Política con Enfoque de Igualdad de Género” por la Universidad Carlos III de Madrid en Coordinación con el Centro de Estudios Políticos de Acción Afirmativa. Experto en análisis y estrategias electorales (grass roots, tierra y aire), auditorías a estructuras electorales e impulsor de rendición de cuentas. Fue candidato a Diputado a la Asamblea Constituyente, siendo uno de 4 de 561 que presentó su declaración #3de3.

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