El ABC de las elecciones españolas del 26 Junio

Por Carlos M. Abella / @CarlosMAbella

Los resultados electorales de diciembre pasado dieron lugar al Parlamento más fragmentado desde la restauración de la democracia en España. Tras meses de negociaciones, no hubo acuerdo posible para investir presidente al único candidato propuesto por el Rey, siguiendo el mandado constitucional, que fue Pedro Sánchez, del PSOE, tras la renuncia de Mariano Rajoy, candidato del PP, el partido que logró mayor número de votos y diputados.

Este escenario inédito ha forzado la repetición de las elecciones, que serán el próximo 26 de junio. En mi opinión, cómo la ciudadanía interprete este hecho será el elemento crucial para determinar qué ocurrirá ese día y quiénes serán castigados y premiados. En esencia: ¿quién, o quiénes, son los responsables de esta situación de interinidad política e institucional en unos tiempos tan críticos para el país?

Resumiré mi punto de vista. Pedro Sánchez podría ser, en estos momentos, presidente del gobierno en lugar de candidato del PSOE. Tuvo su momento. Lo dejó escapar. No lo volverá a tener. Ahora, su elección la noche del 26J será entre optar a ser vicepresidente en un gobierno de coalición de izquierdas o dimitir tras cosechar, dos veces consecutivas, los peores resultados de su partido. Cualquier otra alternativa (que pasaría por facilitar por activa o por pasiva un gobierno del PP) sería el suicidio político de un partido en caída libre desde que el ex presidente Zapatero anunció en sede parlamentaria el cambio de rumbo del socialismo español el 12 de mayo de 2010.

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Desde mi punto de vista, Pedro Sánchez se equivocó gravemente, o lo equivocaron, cuando decidió alcanzar un “acuerdo de gobierno” con Ciudadanos, fuerza de centro derecha a la que el PSOE había atizado duramente en campaña identificándola repetidamente con el PP. Un “acuerdo de gobierno” tan minoritario que sumaba 130 (90+40) de 350 escaños y dejaba fuera a sus 71 aliados naturales a la izquierda con los que podrían haber llegado hasta los 161, mucho más cerca de la investidura. Un “acuerdo de gobierno” presentado ante el mundo en una escenificación llena de pompa y boato.

Es cierto que ese acuerdo estaba abierto a la incorporación de nuevos partidos, pero el orden de los factores sí altera el producto en política. Lo coherente hubiera sido explorar hasta el final la posibilidad de acuerdo hacia la izquierda y sólo luego intentar algún tipo de compromiso con Ciudadanos para lograr, al menos, su abstención. Ni Podemos ni el PSOE pusieron toda la carne en el asador, es cierto. La diferencia es que el PSOE pactaba, paralelamente, con Ciudadanos, algo que no era asumible para Podemos y que dejaba dinamitado, virtualmente, cualquier posible acuerdo posterior.

¿Por qué no se dio este “acuerdo natural”, cuando Podemos (y sus confluencias) y PSOE ya gobiernan en coalición o apoyándose mutuamente en un buen número de ayuntamientos y comunidades autonómicas, incluyendo Madrid y Barcelona? Mi impresión es que Pedro Sánchez no quiso, no pudo o no le dejaron pactar a la izquierda y, entonces, en el cuartel general socialista se diseñó la siguiente estrategia: pactar con Ciudadanos, presentar el acuerdo de gobierno, conseguir que Pedro Sánchez fuese candidato a ser investido presidente y, en ese momento, poner a Podemos contra las cuerdas: o se abstenía (y Pedro Sánchez podría ser elegido presidente) o votaba en contra y entonces podría ser presentado como responsable de bloquear el cambio social en nuestro país, de ser la “tabla de salvación” del PP.

Podemos vio el órdago y votó en contra de un acuerdo de gobierno que lo dejaba fuera. Desde entonces, la estrategia socialista pasa, efectivamente, por cargar contra esta formación por impedir, por bloquear, el cambio político.

Sin embargo, tengo la impresión de que la lectura mayoritaria en el electorado de centro izquierda va a ser otra: votar al PSOE será, en cierto modo, votar a Ciudadanos, un partido criticado en campaña como de derechas. Pedro Sánchez no dudó en acusar repetidamente a Albert Rivera de ser de derechas.

El PSOE se juega su única baza de obtener un resultado digno el 26J en conseguir que entre el electorado de centro izquierda cale la idea de que “a día de hoy no se están poniendo en marcha políticas progresistas porque los extremos (PP y Podemos) han votado juntos bloqueando el cambio, impidiendo que Pedro Sánchez sea presidente”. De este modo, de forma diabólica, el PSOE sólo sobrevivirá a costa de cargar dialécticamente contra el único partido con el que podría gobernar en coalición tras el 26J.

Podemos, mucho más fuerte que el 20D al concurrir ahora con Izquierda Unida en la coalición Unidos Podemos, por el contrario, repite una y otra vez que el PSOE es su aliado, que el rival común es el PP. Mi impresión es que su estrategia será recompensada en estas nuevas elecciones y que aglutinará el voto de la izquierda. Pablo Iglesias será el próximo presidente de España si Pedro Sánchez, que pudo haberlo sido, acepta que las tornas han cambiado y asume la vicepresidencia de un gobierno de cambio en el que la suma de las fuerzas de izquierda tendrán, probablemente, mayoría absoluta en el Congreso.

Acerca de: Carlos Abella

Socio - director de las áreas de Investigación Social y Políticas Públicas de Abella & Valencia Consultoría Estratégica y Comunicación, es licenciado en Sociología por la Universidad de A Coruña y tiene un doctorado en la misma universidad con una tesis acerca del discurso mediático sobre la inmigración y el multiculturalismo en España con la calificación de Sobresaliente Cum Laude. En 2008 realiza el Máster en Marketing Político. Estrategias y Comunicación Política en la Universidad de Santiago de Compostela. Su trayectoria profesional combina el mundo académico y la consultoría.

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Carlos Abella

Socio - director de las áreas de Investigación Social y Políticas Públicas de Abella & Valencia Consultoría Estratégica y Comunicación, es licenciado en Sociología por la Universidad de A Coruña y tiene un doctorado en la misma universidad con una tesis acerca del discurso mediático sobre la inmigración y el multiculturalismo en España con la calificación de Sobresaliente Cum Laude. En 2008 realiza el Máster en Marketing Político. Estrategias y Comunicación Política en la Universidad de Santiago de Compostela. Su trayectoria profesional combina el mundo académico y la consultoría.

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